Ejercicio y adaptación
El ejercicio muscular se acompaña de una respuesta del organismo y trabajan como una unidad. Esto tiene como principal consecuencia aumentar la provisión de oxígeno y energía al músculo. El intercambio respiratorio y la frecuencia cardíaca aumentan a medida que crece la intensidad del ejercicio. También ocurren cambios en la respuesta hormonal que acompaña al ejercicio muscular, cambios que pueden dosarse en la sangre, orina y saliva.
Esta adaptación hormonal, en principio, ayuda a mantener el equilibrio del medio interno, limitando las pérdidas de agua y sales por medio de la orina y la transpiración. En segundo lugar favorecen la distribución de los compuestos energéticos en la fibra muscular, movilizando el glucógeno del hígado y a los lípidos de los tejidos adiposos.
La fatiga muscular (también llamado agujeta) tiene su origen en diversos factores y depende del tipo de esfuerzo que hagas. En los esfuerzos prolongados incluye hipoglucemia, acumulación de productos de degradación metabólica o deshidratación, consecuencia de la pérdida excesiva de agua.
En las pruebas de menos duración, la acumulación de ácido láctico durante el esfuerzo anaeróbico es la probable causa capaz de originar calambres, dolor abdominal y gran fatiga.
A pesar de toda esta información con la que seguramente te sentirás identificado, debido a los problemas comunes cuando nos excedemos a la hora de realizar nuestros ejercicios, aún existen todo tipo de teoría encontradas que no logran ponerse de acuerdo. La constancia en el entrenamiento físico conlleva a una mejoría en los límites de la fatiga y en la fuerza muscular.
Fuente: Vitonica | Imagen: Silose , Domokyo
